martes, 10 de noviembre de 2009

Le carrefour

Y no es simplemente una noche más.
Veo plácidamente el pasar,
escucho los ruidos del transeúnte viento,
con él se va mi tolerancia,
pero nada me aleja de mi pequeño encierro diario,
de mi preciado repliegue en mí mismo,
de mis pensamientos,
de mis internas persecuciones,
que atosigan sin piedad mis débiles hálitos de sensibilidad.
No me salvan siquiera los deseos de una libertad repentina,
no pueden vencer en la lucha interna contra el cansancio,
que se apodera de la hora.
Y no queda nada más que volver,
que volver a perderse,
perderse en la cotidiana desazón de saber que se es débil,
cobarde,
genuino,
pasivo,
preso,
vago,
y que una vez más,
vencido se vio el pequeño soñador,
que alguna vez ha sabido apoderarse hasta de las más clásicas noches,
pero está vez no ha podido con su genio,
y se aleja pateando las piedras,
avergonzado su propio ego,
y haciendo gala de su ser ofendido,
callado se acostó,
con la simple meta de intentar soñar,
para que la próxima noche no sea otra más.

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