Partiendo. Una vez más, como tantas otras. Yéndome. Dejando atrás estas caras. Otra vez. La sien presionada, se hace sentir. La nuca, sin piedad hace sentir su descontento. No es terrible, a pesar del leve dolor se puede pensar. Al menos eso creo. Las luces me esquivan paralelamente por cada uno de mis lados. El punto de fuga interminable se hace, tal como indescifrable se esconde. Siempre.
Luces. Velocidad. Una voz interminable, un murmullo intolerable, incluso despiadado. Hoy el silencio es un sueño. Al menos esta noche de seguro no podre obtener el uno sin el otro.
La luna, la espalda me da. Resentida. Hace mucho que no detenía mi atención en su agrado. Deberíamos de mirarla más seguido. Hace minutos ya se oye la primavera, en esas ventiscas, que hoy mi piel ignora. Esperemos que consigo traiga ruido. No un alarido insoportable, hipócrita. Sino música, alteraciones hormonales, movimiento, colores, gritos de emoción, sonidos. Cerrá los ojos, esos sonidos. Escucha los colores que ignoras al caminar.
La noche esta para que caminemos con los árboles, para que disfrutemos juntos del silencio, para vernos, mirarnos, para disfrutar de las formas, de las manos, de las bocas, de las palabras. Para criticarnos y caminar. Para admirar la simpleza de este quilombo. Para enriedo está la noche. Para sentarse en la muralla, temiendo caer en las aguas de la civilización, para admirar nuestra soledad frente al todo. Esta para que te vengas, para mirarte. Para enredarnos. Y para caminar. Y caminar.